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Cicloturismo en Ibiza

Ibiza y Formentera, un paraíso cicloturista

Cicloturismo en Ibiza y Formentera

Ibiza y Formentera son dos muy buenos destinos para descubrir en bicicleta. Están pobladas por multitud de playas paradisíacas, pueblos con encanto y rincones naturales de gran valor ecológico. También de sendas, caminos y pistas que ofrecen infinidad de posibilidades para recorrerlas.

La elección de las Pitiusas para esta, mi primera experiencia cicloturista que además hago en solitario, no es casual. Los motivos son varios. El primero es que para llegar allí no voy a necesitar coche. Lo hago en Tram desde El Campello hasta Dénia (L1 a Benidorm y L9 a Dénia), y en ferry hasta Ibiza y Formentera. Un modo de viajar que encaja perfectamente con mi nueva mentalidad cero emisiones.

El segundo es que tanto Ibiza como Formentera tienen una gran belleza natural. Ambas islas cuentan con hermosas playas de aguas cristalinas, calas escondidas, acantilados impresionantes y exuberante vegetación mediterránea. Recorrer las islas en bicicleta permite disfrutar de todos estos paisajes de una manera única, explorando rincones remotos y lugares a los que difícilmente llega un coche.

Pista de tierra en el interior de Ibiza
Mi bici en una agradable pista de tierra

Por último, son destinos muy populares para los cicloturistas y cuentan con una infraestructura bien desarrollada para esta actividad. Existen numerosas rutas señalizadas por las zonas más interesantes de las islas, y también hay una buena red de talleres que por suerte no he necesitado visitar. Además, en general hay una cultura de respeto hacia los ciclistas, aunque siempre existe la excepción que confirma la regla y algún susto me he llevado.

Introducción

Para estos 5 días de cicloturismo en Ibiza y Formentera he preparado unas rutas sencillas y poco exigentes en las que han primado la seguridad y el disfrute. Lo que he buscado por encima de todo es que la experiencia deje en mí un buen poso.

En Ibiza, he descubierto una isla llena de contrastes. Por una parte, fiesta, discotecas y excesos; por otra paz, tranquilidad y ambientes rurales sosegados.

Por un lado ostentación, opulencia y lujo; por otro trabajos precarios, infraviviendas y lucha por la supervivencia.

Estos contrastes también los he vivido sobre la bicicleta. En varias rutas me he visto en preciosas sendas de montaña en medio de la naturaleza y un kilómetro después en carreteras con mucho tráfico donde coches y camiones pasan lijando las alforjas.

En cualquier caso Ibiza es mucho más que fiesta y vida nocturna. Es una isla mágica que esconde tesoros naturales y culturales para los amantes del cicloturismo y las actividades al aire libre.

Calo Roig, cerca de Pou des Lleó
Calo Roig

En cuanto a Formentera, el ambiente es muy distinto y recorrerla en bicicleta permite disfrutar de todo su esplendor y conectar con la naturaleza a un ritmo pausado. Sin embargo, al igual que en Ibiza, algunos lugares están muy masificados.

Así que, si como yo lo que buscas es tranquilidad, lo mejor es venir fuera de temporada, y el mes de junio, en contra de lo que yo ingenuamente pensaba, es temporada alta.

El Campello – Dénia – Ibiza – Santa Eulària des Riu 

Sábado 17 – Llegada a la isla.
Distancia recorrida en bicicleta: 18,89 km.
Desnivel positivo: 179 m.

Comienzo la ruta cicloturista en la puerta de casa. Díez minutos de tranquilo pedaleo me conducen a la parada de Tram de El Campello. 

Por delante tengo 63 kilómetros en ferrocarril bordeando la costa de Alicante. Un viaje, que incluye dos transbordos -uno en Benidorm y otro en Teulada- y que normalmente tiene una duración de 2 horas y 40 minutos, aunque hoy, debido a un retraso se alarga hasta las 3 horas.

Se trata de un viaje con dos partes muy diferentes. Hasta Benidorm el trayecto es en su mayor parte urbano y el tren suele ir abarrotado. A partir de esta estación, el número de pasajeros se reduce notablemente y las vistas, que entre El Campello y La Vila ya eran bonitas, son ahora espectaculares.

Bicicleta dentro del trenet de la Marina dirección Dénia
Mi bici dentro del trenet de la Marina

Una vez en Dénia me dirijo al puerto donde descubro con sorpresa que con motivo del 25 aniversario de Balearia -la naviera con la que voy a viajar a Ibiza- hay paella gigante gratis, así que aunque llevo un bocata, pido un plato.

Me siento en una de las muchas mesas corridas que hay, y poco después lo hacen junto a mi cinco animados comensales. 

Traen una botella de vino y grandes copas de cristal que contrastan con los vasos de cartón que tenemos el resto de asistentes. Amablemente me ofrecen una de sus copas y me invitan a vino. Imposible rechazar el ofrecimiento. 

Por su tono y el diálogo resulta evidente que son gente con buena posición dentro de la compañía. 

Tras un rato de conversación descubro que efectivamente lo son. Uno es Alfonso Utor, presidente y dueño de Balearia, y otro Ricard Pérez Ivars, presidente de la fundación Balearia. Del resto no sé sus nombres, pero sin duda también ocupan cargos importantes.

No sólo comparto vino, comida y animada charla, además me regalan un boleto del sorteo del Oro que compran a un vendedor de lotería de la Cruz Roja. Increíble pero cierto.

Con Ricard termino hablando de cicloturismo ya que él ha hecho multitud de rutas y me recomienda varias en Formentera.

Me despido de ellos y embarco. ¡Mi pequeña aventura sobre ruedas no podía empezar mejor!

En el puerto de Dénia antes de embarcar
En el puerto de Dénia antes de embarcar

El viaje en barco, que paso entre mi butaca y la terraza de popa, es muy cómodo y casi sin darme cuenta estoy en el puerto de Ibiza.

La llegada a la isla me sorprende por la simpatía de la gente y la cantidad de uruguayos y sobre todo argentinos con los que me cruzo. 

Uno de ellos me para únicamente para preguntarme de dónde vengo y a donde voy. Le cuento mis planes y me dice que tenga cuidado con los guiris ya que, según me dice, conducen como locos.

Antes de salir de la ciudad compruebo que, tal y como me acaba de comentar el uruguayo, muchos coches de alta gama y matrícula extranjera consideran que las calles son un circuito de Fórmula 1.

Abandono el casco urbano por una agradable pista de tierra que atraviesa un humedal en una zona conocida como Prat de Ses Monges. Poco después me incorporo a una calle primero y a una carretera después. 

Recorro los primeros kilómetros con tranquilidad para disfrutar de cuanto me rodea y para ir haciéndome a las alforjas. El entorno es, conforme me voy alejando de la ciudad, más y más agradable. 

Es curioso porque si el paisaje me recuerda a la Marina Alta de Alicante y a la ruta que realicé hace escasas dos semanas al Coll de Rates, las carreteras nada tienen que ver con aquellas, siendo estas más estrechas, con peor firme y con mucho más tráfico. Sufro con algunos adelantamientos que apuran en exceso la distancia y tengo la sensación que en este viaje me voy a jugar el tipo. 

Mientras círculo me llaman la atención unos molinos de planta cuadrada de los que veo varios. Se trata de molinos de viento conocidos como «aiguaders», que en realidad no se usaban para moler -por lo que el nombre de molino no se si es adecuado- sino para extraer el agua del subsuelo. Los hay en mejor estado y otros peor conservados.

Llegando a Santa Eulària des Riu, el tráfico, que había disminuido considerablemente, vuelve a ser denso.

Cruzo el pueblo que está muy concurrido tanto de gente como de vehículos y poco después llego al camping la Playa, donde voy a pasar las próximas tres noches.

En recepción una argentina me da la bienvenida. Monto la tienda, me instalo y cuando lo tengo todo organizado me dirijo al chiringuito de la playa que es además el bar del camping. El lugar es paradisíaco y disfruto de una agradable cena junto al mar con las últimas luces del día. 

Anochece en cala Martina
Anochece en cala Martina

Tras una magnífica -aunque bastante cara- cena y un breve paseo, recojo y me acuesto temprano, mañana tengo la primera ruta y quiero estar descansado.

Mapa de la ruta

Descubriendo el este de Ibiza en bicicleta gravel 

Domingo 18 – Ruta circular por el interior y la costa este de la isla.
Distancia recorrida en bicicleta: 44,15 km.
Desnivel positivo: 710 m.

Hoy es festivo y ayer no traje comida así que antes de ponerme en marcha busco un lugar para tomar algo. Lo único que encuentro abierto tan temprano es un bar inglés en el que trabajan, como no, dos argentinos. 

Tras un desayuno de lo más grasiento -huevos fritos, bacon, salchichas, beans y tostadas con mantequilla-, que al igual que la cena de ayer me parece bastante caro, me pongo en marcha hacia Sant Carles de Peralta.

Circulando en todo momento por superficies pavimentadas -que cruzan campos de cultivo con abundantes olivos, higueras y algarrobos- llego al núcleo urbano de casas blancas que en los años 60 y 70 fue foco de la movida hippie en la isla. De esta pequeña aldea destaca su iglesia del siglo XVIII.

Camino rural en Ibiza
Camino rural en Ibiza

Una breve parada y continúo hacia mi próximo destino, Sant Joan de Labritja. Para hacerlo debo cruzar la Serra de Sa Mala Costa

Salgo de Sant Carles por un bonito camino que pasa junto a varias fincas típicas ibicencas cuya arquitectura se caracteriza por la sencillez y sobriedad. En general, están compuestas por módulos cuadrangulares y techos horizontales sostenidos por vigas de madera, y cuentan con escasos elementos decorativos. 

Una serie de pistas, asfaltadas y de tierra, así como alguna senda de montaña, me permiten cruzar la sierra en un entorno de bosque Mediterráneo bien conservado en el que no me cruzo con nadie. 

Vista de la Serra de sa Mala Costa en un collado con la bici en primer plano
Vista de la Serra de sa Mala Costa desde un collado

A escasos 2 kilómetros de Sant Joan de Labritja me topo con una gran zanja que ocupa el total de la pista e impide continuar. Tomo un desvío a la derecha que baja hacia la costa y me aleja del núcleo urbano.

El camino me lleva a Sant Vicent de Sa Cala, la aldea más pequeña -y en tiempos pasados el lugar más aislado, ya que no estaba comunicado por carretera- de Ibiza. De hecho aquí no hay centro urbano, son más bien un puñado de casas diseminadas y una iglesia. Hago una parada en el centro social en el que están reunidos los mayores del pueblo, les pido agua para rellenar el bidón que amablemente me dan, y me despido para acercarme a la iglesia, y posteriormente continuar la ruta hacia la Cala de Sant Vicent.

Siguiendo bonitas pistas de tierra rodeadas de cultivos, en los que a las plantaciones vistas hasta ahora hay que añadir las vides, llego la Cala de Sant Vicent, el único entorno vacacional de esta zona casi prístina. Se trata de un puerto natural presidido en el horizonte por el islote de Tagomago, que cuenta con algunas casetas varadero en sus extremos. 

Me dejo acariciar por la brisa marina y prosigo la ruta rumbo a la playa de Es Figueral, que en realidad son dos separadas por un islote adherido a tierra por una lengua de arena.

Antes de llegar paro junto a un impresionante monolito natural situado entre la citada playa y la de Aigües Blanques conocido como Es Paller des Camp.

Es Paller des Camp y Cala de San Vicent al fondo
Es Paller des Camp con la cala de San Vicent al fondo

Me dirijo hacia el interior para bordear una pequeña elevación montañosa conocida como Serra des Llamp y poco después, tras una bajada por una pista rodeada por un tupido bosque de pinos con el mar en el horizonte, llego a la zona de Es Pou des Lleó que cuenta con varias calas pequeñas de rocas y casetas de pescadores muy agradables y tranquilas. La primera es Caló Roig, cuyos pequeños acantilados rojizos le dan nombre al lugar. Es precioso y apenas hay gente.

La siguiente parada es en Cala Boix, una aislada playa de arena al borde de un acantilado, sobre el que se asientan varios restaurantes. El mar es de un intenso color turquesa y el lugar es precioso. Sin embargo, está muy concurrido, tanto de gente en la playa como de coches en el parking, y esto le resta encanto. 

Cala Mastella, un enclave pequeño y virgen es mi siguiente destino. Este pintoresco rincón marinero, situado en la desembocadura de un torrente y protegido por un cañaveral y una pinada, consta de una cala y un pequeño puerto a la izquierda. Tiene además un chiringuito de pescado que por lo visto es de los más conocidos de la isla. Al igual que en Cala Boix hay bastante afluencia de gente.

Biciclceta gravel en cala Mastella
Cala Mastella

A partir de aquí las construcciones van poco a poco en aumento. Paso junto a Cala Llenya, una bahía situada al borde de un pequeño acantilado sobre la que se asientan varias casas de veraneo y urbanizaciones. 

Poco después por Cala Nova, un precioso arenal que cruzo a pie por una pasarela de madera en la misma playa. El mar está movido lo que no impide que su ocupación sea alta, además veo a varios surfistas disfrutando de las olas.

Abandono la playa y pongo rumbo a Es Canar, una importante zona turística que concentra numerosos hoteles y múltiples servicios. Tiene una playa de arena fina y un pequeño puerto de lanchas y llaüts junto a la zona más urbanizada. 

Por último, llego al punto de partida, el Camping La Playa donde termina la ruta por el este de Ibiza con la que he iniciado estos días de cicloturismo por Ibiza y Formentera.

El resto de la tarde lo dedico a pasear, bañarme en la playa y comprar viandas. También compruebo sobre el mapa las rutas que tengo previstas para los próximos días.

Mapa de la ruta

Formentera

Lunes 19 – Ruta circular en Formentera.
Distancia recorrida en bicicleta: 96,31 km.
Desnivel positivo: 778m.

Para hoy tenía planificada una ruta por el norte de Ibiza hasta Portinatx, a Formentera pensaba ir el miércoles cuando hubiera cambiado de camping.

Sin embargo, ayer estuve cotejando el mapa y me di cuenta que para ir al puerto de Ibiza -desde donde sale el ferry a Formentera- el camping donde me encuentro tiene mejor carretera y además se encuentra más cerca. Así que sobre la marcha hago un cambio de planes. 

Decido madrugar, ya que aunque los días alargan, quiero disfrutar de la isla con tranquilidad. Los primeros 20 kilómetros me conducen -siguiendo la misma carretera que cogí el día de mi llegada para venir al camping- hasta el puerto de Ibiza. Allí me embarco rumbo a la isla de Formentera

Tras 30 minutos de tranquilo viaje llego al puerto de La Savina, cuya atmósfera -propia de una localidad costera mediterránea bien conservada- me cautiva.

Mi periplo empieza en sentido antihorario dirección al Estany des Peix, una laguna con una estrecha apertura al mar que permite la entrada de embarcaciones de poco calado para su fondeo. Sigo una pista de tierra que bordea el perímetro del espacio natural y ofrece una bonita panorámica de este paisaje típico de la isla. Poco después me desvío por otra que se dirige al Cap de Barbària, al sur de la isla. 

Estany des Peix, Formentera
Estany des Peix

Tras una parada en Comestibles Verdera -un pequeño supermercado con productos locales y de proximidad- donde me hacen un riquísimo bocadillo de jamón serrano, queso y tomate rallado, continúo hacia mi próximo destino, Cala Saona, una pequeña ensenada flanqueada por pequeños acantilados, cuya afluencia de gente me disuade a entretenerme.

Circulando por pistas de tierra atravieso campos yermos divididos por muros bajos de piedra seca con colores rojizos y ámbar. Algarrobos, almendros y viñedos ponen un punto de color a esta paisaje por lo demás, bastante árido. También hay higueras, muchas de las cuales están apuntaladas. Parece ser que la función de esta técnica es múltiple: impedir que las ramas vuelvan a enraizar, facilitar la recolección de los higos, dar sombra a cabras y ovejas evitando que alcancen los frutos y ofrecer resistencia frente a los fuertes vientos de la isla.

Casa de campo en Formentera
Casa de campo

Paso junto a Sant Francesc Xavier -la capital de Formentera- y continúo por una agradable pista de tierra -conocida como Camí Vell de sa Mola– que discurre paralela a la carretera principal de la isla, la PM-820. Antes de llegar a la población pesquera de Es Caló de Sant Agustí me incorporo a la carretera que por suerte cuenta con carril bici. Sin embargo, este termina poco después de pasar el centro urbano, así que subo al altiplano de la Mola por carretera. No hay mucho tráfico y la ascensión resulta agradable.

Situado en el extremo este de la isla y poblado de bosques de pino y campos de cultivo, La Mola es una de las zonas más pintorescas de Formentera. Este promontorio de caliza contempla la isla desde sus casi 200 metros de altura.

Mientras asciendo compruebo que la rueda delantera pierde aire poco a poco y para cuando llego a lo más alto no me queda más remedio que parar. La hincho con la esperanza de no haber pinchado y vuelvo por donde he venido.

De bajada me entretengo en un bonito mirador junto a un restaurante desde donde hay una magnífica panorámica de gran parte de la isla. La vista es buena, sin embargo hay bruma y echo de menos algo más de nitidez y el cielo azul.

Hago una parada para relajarme en Ses Platgetes, tres encantadores arenales fragmentados por zonas rocosas -no muy masificados- con bonitas vistas a los acantilados de La Mola. Aprovecho para relajarme, comer e hidratarme.

Bici en Ses Platjetes
Ses Platjetes

Cuando vuelvo a la bici, que había dejado candada en un poste, descubro que la rueda delantera vuelve a no tener aire, así que me rindo a la evidencia, he pinchado. Refugiado bajo una sombra cambio la cámara y vuelvo a la ruta para dirigirme, por el carril bici que hay junto a la carretera principal, a Sant Ferran de ses Roques, la segunda localidad más importante de la isla.

Cruzo esta pequeña localidad y la aún más pequeña Es Pujols, principal zona turística de Formentera. Rodeo el Estany Pudent, que al igual que el Estany des Peix -que visité a primera hora de la mañana- forma parte del Parque Natural de Ses Salines d’Eivissa i Formentera. Se trata de un espacio con gran biodiversidad mediterránea que constituye un área de descanso y nidificación para diversas aves en sus migraciones. 

Ses Salines en Formentera
Ses Salines

Continúo a Ses Illetes declarada en más de una ocasión como una de las playas más bellas del mundo y probablemente el paisaje más representativo de la costa de Formentera. El lugar, cuyo acceso en coche es de pago -en bici es gratuito-, es brutal, pero la aglomeración de gente es tal que pierde gran parte de su encanto. Aún así hago una parada y me doy un buen baño.

Ya solo me queda volver a La Savina, tomar el ferry a Ibiza y desde el puerto volver al camping.

La de hoy ha sido una intensa jornada de bicicleta gravel, no tanto por la dureza del recorrido como por su longitud. No solo he descubierto gran parte de la isla de Formentera, además he tenido que desplazarme del Camping al puerto de Ibiza para coger el ferry y en sentido opuesto a la vuelta para regresar al campo base

Mapa de la ruta

Ibiza de este a oeste. De Santa Eulària des Riu a Cala Bassa

Martes 20 – Cruzando Ibiza de punta a punta.
Distancia recorrida en bicicleta: 59,69 km.
Desnivel positivo: 514m.

En la isla de Ibiza hay tres campings: el camping la Playa donde me encuentro, el camping Cala Nova muy cerquita y más popular, y el camping Cala Bassa en el otro extremo de la isla. Hoy voy a cruzar Ibiza para dirigirme desde el primero donde estoy alojado, al último, allí quiero pasar las próximas tres noches y conocer el oeste de la isla.

Ha sido una noche calurosa así que la mitad la he pasado durmiendo fuera de la tienda. Lo he hecho en unos colchones que hay junto a unas caravanas Airstream que el camping tiene para alquilar, pero que esta noche no estaban ocupadas.

Madrugo y mientras recojo entablo conversación con tres argentinos que llegaron ayer por la noche y se instalaron a mi lado. Me cuentan que han venido a Ibiza a trabajar y que a pesar que tienen un sueldo bastante decente (1.600 € por cabeza) no consiguen encontrar un alojamiento por la escasez de viviendas y precios desorbitados de los pocos que hay. Es algo sobre lo que había leído, pero escuchado directamente de los afectados llama mi atención.

Les dejo las viandas que me han sobrado, ellos me dan un poco de hierba, nos despedimos y me pongo en marcha.

Pista de tierra en el interior de Ibiza
Mi bici en una agradable pista de tierra

Cruzo Santa Eulària acercándome a su club náutico y frente litoral, y abandono el municipio para dirigirme a Santa Gertrudis de la Fruitera

La primera parte de la ruta la hago por la carretera PM-810, que tiene mucho tráfico. Pero en cuanto tengo oportunidad la abandono y la cosa cambia. Por carreteras secundarias y pistas de tierra circulo en completa soledad. Cruzo campos de olivos, almendros, vides, algarrobos y algún otro cultivo, así como pequeñas explotaciones ganaderas con rebaños de ovejas y cabras, y sobre todo gallinas.

Antes de llegar a Santa Gertrudis vuelvo a una carretera con tráfico, la PM-804, pero como cuenta con carril bici circulo cómodamente.

Dejo la bici candada en la entrada del pueblo y me doy un paseo por su centro peatonal. Este es un lugar muy turístico pero agradable que cuenta con multitud de bares, tiendas de ropa, galerías de arte y talleres de artesanos. Aprovecho la parada para almorzar un riquísimo bocadillo de jamón con pan tostado y tomate. Algo después me encuentro de nuevo pedaleando.

Vuelvo al carril bici dirección Sant Miquel de Balasant bajo el sofocante sol de mediodía. No sé si es el calor, la falta de sombra o el monótono horizonte, pero estos 6 kilómetros resultan aburridos y tediosos.

Una vez cruzo el pueblo la cosa cambia por completo. Vuelvo a las carreteras secundarias rodeadas de bosque Mediterráneo en las que se intercalan cultivos abancalados y casas ibicencas aisladas. Paso largo tiempo sin cruzarme absolutamente con nadie y circulo por lugares francamente hermosos. Esta llanura de campos rojos y fértiles se conoce como Pla d’Albarca, un lugar que se mantienen inalterable al paso del tiempo y donde me siento muy a gusto.

Campo de cultivo y casa Ibicenca
Campo y casa ibicenca

Santa Agnès de Corona es mi siguiente destino, un pueblo diminuto y tranquilo en el que tampoco veo a nadie. Me acerco a su iglesia del siglo XVIII -muy similar a otras que ya he visitado en la isla- y continúo rumbo a Sant Antoni de Portmany.

En las proximidades de la ciudad el paisaje cambia casi de golpe, y paso de estar envuelto en paisajes rurales y naturales, a la urbe con su aglomeración de coches y personas. Y es que, Sant Antoni es el núcleo urbano más turístico y su vida nocturna -con una oferta de tecno, sexo y droga a la altura de cualquier gran ciudad europea- la más famosa de Ibiza.

Cruzo la bahía de Sant Antoni por el frente litoral esquivando hordas de turistas, y abandono el casco urbano para dirigirme al final de la etapa, el camping Cala Bassa, junto a la famosa cala del mismo nombre.

El tranquilo ambiente del camping contrasta con la masificación de Sant Antoni. Sin embargo, en el camping me informan que aunque parezca lo contrario, aún no es temporada alta. La isla se llena aún más.

Me instaló y bajo a dar un paseo a Cala Bassa, una playa espectacular. Sin embargo, el encanto del lugar es fagotizado por la música a todo volumen y las hordas de turistas de las que en realidad formó parte.

Decido volver a la tranquilidad del camping y me propongo bajar mañana a primera hora cuando, con toda seguridad, no habrá casi nadie.

Mientras lo hago recibo una llamada de casa. Debido a un problema y debo volver cuanto antes. Llamo a la naviera y cambio mi billete para mañana. Una pena porque me quedan dos rutas que no podré realizar. Aunque bien visto eso me deja la puerta abierta para volver y terminar lo que he dejado a medias.

Mapa de la ruta

Vuelta a casa antes de lo previsto. Cala Bassa – Ibiza

Miércoles 21 – De vuelta a casa.
Distancia recorrida en bicicleta: 27,14 km.
Desnivel positivo: 221m.

Toca madrugar, el barco sale a las 11 y tengo que estar en el embarque 50 minutos antes. Además calculo un par de horas hasta Ibiza.

Así que antes de que amanezca ya he recogido y estoy pedaleando. 

A Sant Antoni voy por la misma ruta que hice ayer pero en sentido opuesto.

Tras cruzar el casco urbano el entorno me sorprende por lo interesante que es, paso por lugares francamente hermosos y solitarios. Sin embargo, los nervios me impiden hacer paradas, ni siquiera una corta para tomar una fotografía.

En Sant Rafel de sa Creu me incorporo a la autovía que se dirige a Ibiza. Es el tramo más feo y peligroso que he recorrido en estos días. Lo cierto es que podría haber planificado una ruta algo más larga e interesante, pero como he dicho estoy nervioso, hoy debo llegar a casa y no me puedo permitir contratiempos.

Finalmente llegó a Ibiza con tiempo de sobra para desayunar (no he comido nada desde ayer por la noche), embarcar y ya en el barco relajarme.

A la llegada a Dénia me dirijo a la estación del trenet. Me compro un bocata que me tomo con tranquilidad durante el viaje. A media tarde estoy en casa donde termina la ruta cicloturista.

Mapa de la ruta

Mucho ha quedado pendiente en esta corta escapada. No solo por haber tenido que volver a casa antes de lo previsto, las rutas que he planificado podían haber sido considerablemente más exigentes. Pero en mi planteamiento ha primado el relax y disfrute frente al conocimiento exhaustivo. 

En cualquier caso, el objetivo que me propuse cuando diseñé las rutas lo he conseguido con creces porque he vuelto con excelentes sensaciones, y ya estoy pensando en la siguiente ruta sobre ruedas.

Eso es todo amig@s, hasta la próxima ¡A rodar se ha dicho!

Galería de fotos

Resumen de la actividad

Nivel de esfuerzo Esfuerzo Medio
Dificultad Dificultad Media
Tipo de ruta Ruta Circular
Entorno y medio
Zona donde se realizó la actividad Islas Baleares
Lugar donde se realizó la actividad Ibiza y Formentera
Zona natural protegida Espacio natural protegido
Tiempo durante la actividad Variada. En general cielos despejados y temperaturas altas

Resumen de la actividad

Nivel de esfuerzo Esfuerzo Medio
Dificultad Dificultad Media
Tipo de ruta Ruta Circular
Entorno y medio
Zona donde se realizó la actividad Islas Baleares
Lugar donde se realizó la actividad Ibiza y Formentera
Zona natural protegida Espacio natural protegido
Tiempo durante la actividad Variada. En general cielos despejados y temperaturas altas