La vía Meigas, que recorre la cara sureste del Pico Gilbo, ofrece no solo la belleza de una escalada limpia, amable y fácil de proteger, sino también unas vistas privilegiadas: el embalse de Riaño se despliega a sus pies con brazos como fiordos, mientras en el horizonte se recortan los Picos de Europa y la montaña palentina, conformando uno de los paisajes más espectaculares de la Cordillera Cantábrica.
Ayer llegamos Javi y yo a Riaño desde Alicante. Hemos venido a pasar unos días por el norte buscando vías de escalada y rutas de montaña. Aunque traemos varias ideas en mente, apenas hemos planeado nada en detalle; lo único claro es nuestra primera actividad: la vía Meigas al Pico Gilbo.
Vía Meigas (200 m, 6a) al Pico Gilbo (1.679 m)
El Gilbo es una montaña modesta en altura pero con una silueta que destaca inconfundible al suroeste de Riaño. Desde el pueblo se levanta como una aguja inexpugnable, motivo por el cual, se la conoce como el Cervino leonés.

Aunque ese perfil afilado intimida, en su cara sureste se abre una amplia pared caliza donde existen varias vías de escalada. Entre ellas, la Meigas es quizá la más representativa: 200 metros en los que encontramos diedros, fisuras y placas con una roca en general buena. Tiene cinco largos de los que destacan el primero, el segundo y el quinto, y está prácticamente limpia pero es fácil de proteger.
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Escalar aquí es un buen modo de adentrarse en el Parque Regional Montaña de Riaño y Mampodre, donde valles, bosques y peñas calizas se combinan en un entorno único.
Aproximación
Son las 7:00 de la mañana cuando dejamos el coche en la entrada de Horcadas. Hemos madrugado porque se prevén altas temperaturas y queremos estar fuera de la pared cuando el calor apriete.
Subimos hacia la iglesia y tomamos la pista que conduce a la pared. Sin embargo, me doy cuenta de que he olvidado el casco en el coche y me toca volver a por él. Perdemos casi media hora.
De vuelta a la pista, bordeamos un cerro cruzando un robledal hasta salir a una zona de prados donde hay un abrevadero, y cuando la pared sur del Gilbo está a la vista localizamos el pie de vía, fácil de identificar por el marcado diedro que recorre el primer largo.

El acceso no tiene dificultad y en unos 45-50 minutos, sin contar con la media hora perdida, estamos a pie de vía. Hemos caminado por pista, senda y finalmente campo a través.
La escalada
La vía está equipada con lo justo: tres clavos, dos spits, un parabolt y un par de puentes de roca. Nosotros llevamos un juego de empotradores, semáforo de Aliens, los Totem verde y morado, dos Camalots y un par de cintas planas.

Empezamos a escalar a las 8:30. Vamos sin prisa, disfrutando del ambiente, y a las 12:00 alcanzamos la cumbre del Gilbo.
L1 (V, 30 m): Comienzo escalando un marcado diedro que recorre casi todo el largo. Al final salgo a una placa fisurada que lleva a una cómoda repisa donde monto la reunión, equipada con un spit. El tramo es mantenido dentro de su grado, con buenos cantos y una escalada muy disfrutona. Friends y fisureros entran a cañón, además, hay un par de clavos que completan la protección.

L2 (6a, 40 m): Javi toma el relevo como primero de cuerda. Empieza por una placa protegida con un spit y continúa con un ligero giro a la derecha que lleva a un pequeño desplome, bien asegurado con un clavo, un spit y un parabolt. Superado este paso, una rampa más sencilla conduce a un hombro donde monta la reunión.

L3 (IV, 40 m): Supero una sucesión de terrazas conectadas con pasos aislados. La escalada es sencilla y sirve, junto el siguiente largo, de enlace entre los tramos más interesantes de la vía.
L4 (III, 40 m): Largo de transición, más fácil aún que el anterior, que avanza sin complicaciones hasta una amplia repisa donde montar la reunión.
L5 (V, 50 m): Uno de los largos destacados de la vía. Comienza con una fisura diagonal con buen canto, donde los friends entran solos y la escalada resulta muy fluida. Tras este tramo, pierde algo de continuidad e interés. Al final, se alcanza una canal herbosa próxima a la cumbre, donde monto la reunión en una pequeña pared a la izquierda.

Mientras aseguro a Javi, veo a varios senderistas que han subido al Gilbo por alguna de sus rutas normales. Cuando él llega, recogemos el material y continuamos hacia la cumbre también nosotros.
Cima y descenso
En la cumbre, donde encontramos más gente de la que esperaba -aunque hoy es domingo y el Gilbo es muy popular entre montañeros locales y foráneos-, nos llama la atención la panorámica. Durante la escalada ya era buena, pero aquí se abre a 360 grados y resulta espectacular, con los Picos de Europa al norte y, al sur, la montaña palentina con el Espigüete destacando.

La bajada la hacemos siguiendo primero la arista suroeste, en la que en algún momento nos vemos obligados a usar las manos, y después por una senda que desciende por la falda de la montaña hasta el abrevadero por el que ya pasamos por la mañana. Desde allí volvemos por la pista a Horcadas.

Terminamos la actividad disfrutando de unas cervezas bajo un árbol en el único bar del pueblo, junto a unas paisanas la mar de simpáticas y, más tarde, con una pareja de alemanes que han escalado la misma vía que nosotros y venían por detrás.

Cerramos la jornada con una buena comida, siesta reparadora y un baño en el embalse de Riaño, para, a última hora, cambiar de destino y dirigirnos a la montaña palentina, donde hemos planeado una actividad para mañana. Pero eso os lo cuento en el próximo artículo.
Conclusión
La vía Meigas al Gilbo ofrece una escalada variada, asequible y con buenas vistas. Combina tramos de roca de calidad con un entorno que, por sí solo, ya merece la visita.
Galería de fotos


















Resumen de la actividad
| Entorno y medio | |
|---|---|
| Parque Regional Montaña de Riaño y Mampodre | |
| Pico Gilbo | |
| Espacio natural protegido | |
| Cielo despejado. Temperatura agradable | |