El Espolón Norte del Espigüete, que durante décadas fue considerada la ruta más exigente para coronar esta emblemática montaña palentina, es una línea estética, aérea y con ambiente, muy codiciada entre escaladores locales y foráneos. Se desarrolla en alta montaña, con todo lo que ello implica: larga aproximación, roca rota, exposición, posibilidad de cambios bruscos de tiempo… Todo ello la convierte en una ascensión completa y con carácter, de las que dejan huella.
Viajo con Javi por el norte de la península, encadenando días de roca, montaña y carretera. Ayer escalamos la vía Meigas al pico Gilbo, en el magnífico entorno de Riaño, una línea asequible y muy bonita que disfrutamos a tope.
Al caer la tarde ponemos rumbo a Camporredondo de Alba, con la idea de acercarnos lo máximo posible al Parque Natural de Fuentes Carrionas, en plena montaña palentina. Damos un paseo por los alrededores, un lugar salvaje y bien conservado, y entre dudas, incertidumbre y muchas ganas, preparamos la jornada de hoy. Después, caemos rendidos en nuestros sacos envueltos en el silencio y la oscuridad de la noche.
Espolón norte del Espigüete, vía Elenmay (250 m, 6c+/ Ae)
A primera hora de la mañana salimos hacia el Espigüete, que junto a Peña Prieta y Curavacas es una de las tres joyas del Parque Natural de Fuentes Carrionas, y quizá la más reconocible en la distancia.
Nos espera una actividad exigente, física pero sobre todo psicológicamente. A la intensa aproximación se suman tramos de trepada, algún nevero y un desnivel que ronda los 1.200 metros. Lo peor, al menos para mí, es la roca: muy rota en casi toda la vía.
De regreso nos acercaremos a la cascada de Mazobre, un rincón espectacular que bien merece la visita, donde practicamos la goriloterapia… pero eso, luego lo cuento.
Acceso
Tomamos la carretera que se dirige a Cardaño de Abajo y, antes de llegar, la espectacular silueta del Espigüete se recorta en el cielo y se refleja en el embalse de Camporredondo. Paramos a hacer unas fotos; imposible no hacerlo. Retomamos la marcha, cruzamos el pueblo y, poco antes de alcanzar Cardaño de Arriba, llegamos al aparcamiento de Pinollano (1.350 m), punto de inicio de la ruta.

Aproximación
Comenzamos a caminar a las 7:50 h.
La vía tiene dos posibles accesos: por el Callejo Grande o siguiendo el camino de Mazobre para desviarse después por el corredor norte. Elegimos la segunda opción, para evitar, en la medida de lo posible, caminar bajo el sol.

Entre la charla y lo absortos que vamos con el entorno, pasamos de largo la entrada al corredor y tomamos sin querer el sendero que sube hacia la Sima del Anillo. Eso nos obliga a dar un pequeño rodeo y cruzar un nevero para volver al itinerario correcto. En apenas dos horas alcanzamos la base de la característica “V” que marca el inicio del Espolón Norte.
Tras prepararnos, comer algo e hidratarnos, comenzamos la escalada.
La escalada
El primer largo hace una larga diagonal desde la base, buscando la característica “V” de la arista. Técnicamente es fácil, pero la roca está muy rota, sobre todo por arriba, y resulta psicológicamente agotador; al menos, para mí lo es. Llego a la reunión con un estado mental deplorable, del que no termino de recuperar hasta casi el final de la vía.
La reunión se monta en una amplia terraza, con la Torre de la Uve detrás y el espolón norte delante. Desde allí, una travesía de 6 u 8 metros, sin nada reseñable, nos lleva a la siguiente reunión y el inicio del segundo largo. Este, que tiene 30 metros y una dificultad IV+, comienza por una canal y continúa por el filo del espolón hasta que se vuelve horizontal. Al igual que el anterior, termina en una reunión equipada con dos bolts.
El tercer largo, de 50 metros y V, sube por fisuras anchas y verticales y cruza el filo del espolón. Un clavo, en un tramo descompuesto -como no podía ser de otra manera- marca el camino a seguir.

Tras una pequeña horcada llegamos a una placa de unos 15 metros, protegida con dos parabolts. A simple vista parece compacta, pero al tantear una regleta, todo un trozo de pared, de casi un metro de largo por medio de ancho, se desprende. No cae por sí solo; soy yo quien lo termina de tirar, pero si hubiera traccionado, me habría llevado el bloque conmigo, en un vuelo, del que prefiero no pensar.
Poco después de la placa llegamos a un pequeño rellano inclinado donde se encuentra la reunión, equipada con parabolts y dos anillas que, según he leído, permiten rapelar al circo en un rápel de 60 metros. El resto de la bajada continúa por la canal que sale al este del espolón, pero nosotros seguimos hacia arriba.
Por delante tenemos el largo clave, una tirada de 6c+/ Ae que, tal como imaginaba, resulta la menos tensa de la jornada. Y es que, esta sección tiene la mejor roca de toda la vía.
Hemos traído un estribo para superar el largo, pero Javi, que va de primero, prescinde de él. No pretende liberarlo, pero confía en que con la ayuda del antipanic podrá resolverlo, y efectivamente, así es. A mí me deja algunas cintas largas para traccionar, y el estribo no sale de la mochila.

Tras superar la parte más exigente, la vía hace una pequeña travesía a la izquierda en dirección a una canal que conduce a la reunión.
El quinto largo, de 40 metros y III+, es evidente. Recorre la arista que poco a poco pierde inclinación y dificultad hasta desembocar en una amplia terraza, al final del cual encontramos un pequeño muro con un parabolt. Aquí finaliza el espolón y la vía, pero nuestra intención es continuar hacia arriba para coronar el Espigüete, así que nos espera otro largo y una trepada hasta el cordal.
Este último largo, ya fuera de la vía, tiene una salida rara que se me atraganta, pero una vez superada, el resto resulta muy fácil.
Llegamos a un gran plateau, donde recogemos el material, bebemos y comemos antes de afrontar la última parte de la subida: una larga y entretenida trepada de esas que tanto disfruto, que conduce a la arista somital.
Alcanzamos la arista y la recorremos hacia el oeste, pasando primero por la cima del Espigüete Este (2.443 m) y luego por la cumbre principal del Espigüete (2.451 m). Nos detenemos un momento para disfrutar del panorama, observando entre otros lugares los embalses de Camporredondo y Compuerto, el de Riaño (donde estuvimos ayer), los Picos de Europa y el Gran Espolón Sur, una opción que barajamos, como posible vía de ascenso, pero que desechamos por la que acabamos de recorrer. Después iniciamos el descenso.
Bajada y cascada de Mazobre
La bajada por el corredor norte resulta delicada. Apenas hay un par de destrepes, pero a la inclinación se suma un terreno, por momentos descompuesto, con un par de pedreras algo pesadas. Creo que en invierno, siempre que se haga con crampones, debe ser más cómodo.
Al acercarnos al camino de Mazobre, oímos unos ladridos; al principio pensamos que son perros, pero pronto me da la sensación de que son lobos, lo que me tranquiliza. En un lugar tan apartado, unos perros asilvestrados podrían ser peligrosos, pero los lobos suelen evitar el contacto con humanos. Curiosamente, cuando pasamos cerca, los animales se callan, aunque no se marchan, algo raro en un lobo. Quiero creer que son lobos, porque es uno de los animales que más me fascinan de la fauna ibérica, aunque no estoy para nada seguro.

Ya en la cascada de Mazobre, nos damos un buen baño y nos entregamos a la goriloterapia, que consiste en imitar a estos simios con ruidos y gestos. Una “terapia” que nos conecta con nuestro pasado animal, ayuda a liberar tensiones y dispara endorfinas y dopamina. Al menos eso dice el estudio que acabamos de realizar, con un método 100 % empírico. Invito a quien lea esto a probarla y darle aún más validez.

Relajados tras el baño y la terapia volvemos al parking de Pinollano donde finaliza la actividad de hoy.
Pero aún queda día por delante y necesitamos recuperarnos, así que en el primer bar que encontramos en Camporredondo de Alba lo solucionamos con unas buenas cervezas. Al principio, el dueño se muestra huraño, pero pronto se sienta con nosotros y nos cuenta historias de todo tipo. Nos recomienda bajar a Velilla del Río Carrión para festejar la noche de San Juan. Seguimos su consejo y terminamos el día bajo una inmensa hoguera, cerrando así una jornada de montaña, naturaleza y tradición.
Conclusión
A decir verdad, mientras escribo estas líneas, meses después de escalar el Espolón Norte del Espigüete y de haber completado varias vías de escalada más, todo parece más fácil. Pero durante aquella jornada viví momentos tensos. No es que ocurriera algo concreto ni que el tiempo fuera malo, al contrario, escalamos tranquilos y la meteo acompañó, pero mi cabeza no estuvo fina. Quizá fue ese primer largo, vivido con más tensión que confianza, o simplemente que no era mi día. En cualquier caso, esta es una magnífica actividad de montaña que combina aproximación en un gran entorno, escalada con mucho ambiente y montañismo. Recomendable para todo tipo de alpinistas.
Galería de fotos

















Mapa de la ruta
Resumen de la actividad
| Entorno y medio | |
|---|---|
| Parque Natural de Fuentes Carrionas | |
| Montaña Palentina | |
| Espacio natural protegido | |
| Cielo despejado. Temperatura agradable | |
| Ver en Wikiloc | |